CONSEJOS FAMILIARES

Cuando pensamos que alguien que nos importa puede estar en una secta, es normal que no sepamos cómo reaccionar. Para la mayoría de las personas, es algo nuevo a lo que nunca antes se han tenido que enfrentar. Por esta razón, no tenemos claro qué podemos hacer, ni sabemos dónde buscar ayuda.

A continuación, hay una serie de recomendaciones generales. Obviamente, son solo unas pautas que deberán adaptarse al caso concreto. Puede encontrar más información al respecto en la página de la AIIAP y, por supuesto, ponerse en contacto con nosotros si se encuentra en esta situación.

A nivel muy general, hemos de tener en cuenta 3 reglas de actuación:

1.- Evitar el enfrentamiento
2.- Mantener los lazos emocionales
3.- Buscar ayuda

1.- Evitar el enfrentamiento:
Probablemente, este consejo es el más difícil de aceptar. Inevitablemente, cuando pensamos que alguien a quien queremos está haciendo algo que le puede dañar, intentamos “hacérselo ver”. Instintivamente, cuando alguien está a punto de ser atropellado, le damos un estirón para evitar el peligro. Sin embargo, en el caso de alguien vinculado a una secta, esta conducta instintiva no solo no es eficaz, sino que puede ser contraproducente. En el caso del coche, ambas partes ven que la situación era peligrosa y se agradece el estirón. Una persona que está en una secta, no ve el peligro y solo interpreta el estirón como una agresión.

Cuando queremos abordar el tema con la otra persona, de manera natural nos sale criticar al grupo y señalar todos los riesgos que vemos. El problema es que la otra persona percibe que la estamos atacando a ella y no al grupo. Estamos criticando SUS ideas, SUS creencias, SU criterio. Además interpreta que lo hacemos sin conocimiento real de la situación, ya que nosotros no conocemos el grupo desde dentro. Cuanto más atacada se sienta, con mayor vehemencia defenderá su postura, más reforzará su vinculación con el grupo y mayor dificultad tendrá para exponernos posibles dudas e inquietudes que pueda tener.

Esto no significa que debamos quedarnos callados. Es importante que cuando salga el tema del grupo, definamos nuestra postura sin crear un enfrentamiento. Debemos intentar ser claros y sinceros sin ser tajantes y sobre todo, escuchar a la otra persona. No existe ningún argumento mágico que usted pueda darle para que la otra persona “lo vea claro”. No se trata de ganar una discusión a base de argumentos. En este tema se mezclan ideas, sentimientos, afectos, percepciones, elementos de identidad personal… Es un proceso complejo que requiere un camino y en el que es básico no cortar los canales de comunicación.

También conviene enfocar nuestro discurso en otros aspectos. En concreto, es más efectivo centrarlo en nuestra relación que en el grupo. Y debemos hacerlo evitando los reproches. Así, por ejemplo, un “Quedemos, tengo muchas ganas de verte”, será más efectivo que “Ahora solo tienes tiempo para el grupo ese”. Los reproches no construyen puentes, los destruyen.

2.- Mantener los lazos emocionales

Como hemos visto en el punto anterior, no nos enfrentamos a un problema solo de tipo lógico. La herramienta más efectiva que vamos a tener en este camino es nuestra relación afectiva con la otra persona. Por esa razón es imprescindible cuidarla.

Tanto en el abuso grupal como en el abuso de pareja, el grupo o la persona que abusan buscan la dependencia emocional de la víctima. Cuantos menos vínculos afectivos tenga, más vulnerable se vuelve. Del mismo modo, cuantos más afectos conserve, más resistente será. Por eso es imprescindible que evitemos “quemar puentes”. Lo importante es que la persona que nos importa sepa que “puede contar con nosotros”, no que “está equivocada”.

Muchas personas que han estado en una secta explican que, tiempo antes de abandonarla, empezaron a tener dudas sobre el grupo. El problema era que, al haber perdido sus relaciones anteriores, abandonar el grupo significaba quedar totalmente aislados. Por esa razón, es primordial intentar mantener el vínculo afectivo. Debemos proteger esos puentes para que la persona a la que queremos pueda volver a cruzarlos.

3.- Buscar ayuda
Cuando nos enfrentamos con una situación así no sabemos cómo abordarla. No es un problema sencillo y puede ser un proceso largo. Por esa razón es conveniente buscar ayuda.

Aunque el problema de las sectas es complejo, hay cosas que podemos hacer. Existen numerosos casos de éxito y existen instituciones y profesionales especializados que pueden ofrecerle ayuda. Ya sea para buscar información sobre un grupo en concreto, poder buscar asesoramiento legal o psicológico para la familia o para brindar ayuda psicológica a la persona afectada, contar con apoyo profesional especializado es un elemento clave para abordar el problema.

El dilema al que nos enfrentamos como familiares, es que muchas veces, aunque buscamos ayuda, no sabemos dónde podemos encontrarla. Desgraciadamente, aunque existen, son pocos los recursos especializados en este tema. Además, dependiendo de donde viva, puede ser más difícil encontrar un recurso cercano. Por este motivo, no dude en ponerse en contacto con nosotros para consultar sobre su caso concreto.